La religión como lenguaje de la cultura

La cultura como expresión de la religión

sábado, 9 de junio de 2012

Flávio Pierucci (1945-2012)

Antônio Flávio Antonio Pierucci - foto: Folha de São Paulo

Si bien toda persona es insustituible, el fallecimiento de Flávio Pierucci es sin duda una pérdida irreparable para el estudio de la religión en Sudamérica. Más allá de su indudable carisma personal, fue un académico de peso y características únicas. Su apoyo fue particularmente importante para que la Asociación trascendiera más allá del sur de Brasil -ámbito 'natural' en un principio, para las actividades relacionadas con el Mercosur- y se proyectara hacia todo el vecino país. Fue recién en 1998, con la realización de las VII Jornadas en Sao Paulo -gracias al esfuerzo de Reginaldo Prandi pero sin duda también de Flavio- que este evento comenzó a atraer académicos de todas las regiones brasileras.
Aunque nunca aceptó un cargo ejecutivo, su participación fue siempre vital en nuestras reuniones. Como sucedía también en otros grandes congresos de ciencias sociales brasileros, la presencia de Flavio en un panel (como expositor o apenas oyente) era casi automáticamente garantía de que éste valdría la pena. Era un escucha atento, y un polemista de alto nivel. Todos mis recuerdos de discusiones académicas memorables lo tienen como uno de los protagonistas principales. Se coincidiera o no con sus planteos, era obvio que eran interesantes, pertinentes y elevaban el nivel del debate a alturas poco frecuentes y sin duda más disfrutables.
Tenía un estilo frontal -poco 'brasilero', y más bien 'argentino', lo que quizás explica lo bien que se llevaba con muchos de nosotros- que en ocasiones lo llevaba a ser poco diplomático. Sin embargo, siempre fue honesto e intentaba ser objetivo. En algunas oportunidades lo he visto ser implacable con sus 'adversarios' intelectuales y en otras, francamente admirativo de las mismas personas. Defendía con claridad y pasión sus posiciones, pero no era dogmático -podía comprender posiciones alternativas. En un campo académico constituido cada vez más por autistas que difícilmente puedan interactuar con otras perspectivas prefiriendo ignorarlas, Flavio era una rara avis que leía extensamente a sus colegas de la región y los escuchaba con una atención infrecuente y encomiable, planteando diálogos sinceros, francos y enriquecedores. Varios de sus artículos tuvieron la misma cualidad abarcadora y polémica, generando respuestas y discusiones que mucho elevaron nuestro nivel de conocimiento sobre la religión, y porqué no, también de deleite grupal en la práctica académica.
Fue sin duda uno de los principales protagonistas en la constitución de un campo de estudios sobre religión -en Brasil y en el Mercosur- y su pérdida nos empobrece de maneras que aún no podemos empezar a comprender adecuadamente. Personalmente, no tengo dudas de que su ausencia hace que el estudio de la religión se vuelva un lugar mucho más árido y aburrido. Lo vamos a extrañar, y mucho.

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