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miércoles, 28 de julio de 2010

Una historia argentina....

La madre de un séptimo hijo varón pide el apadrinamiento del presidente. El presidente es Videla. El ahijado, hijo de desaparecidos...
revista Veintitrés, 24 de diciembre de 2009
Entrevista a Gastón Castillo; “Quiero sacarme esta carga de encima”
Es hijo de un desaparecido y ahijado de Videla. Séptimo hijo varón, su madre gestionó el padrinazgo del dictador con la esperanza de dar con el paradero de su marido. Hace tres meses, su padre apareció en una fosa común. Ahora pide que la Iglesia le revoque el bautismo.
Por Deborah Maniowicz

"Cuando era chico, me divertía contar que era el ahijado del presidente, Jorge Rafael Videla. A los doce años, cuando mi mamá me confesó que mi padre, Roberto Castillo, a quien nunca había conocido, no estaba de viaje en el exterior como yo pensaba, sino que había sido secuestrado y llevado por los militares, sentí odio por saber que el tipo que se llevó a mi viejo tenía un vínculo de fe conmigo. Hace tres meses, el cadáver de mi padre apareció en una fosa común en Avellaneda y ahora sólo sueño con desapadrinarme”, cuenta Gastón Castillo, de un tirón. Su historia, como su relato, también corta el aliento.
El 12 de enero de 1977, Roberto Castillo fue secuestrado por un comando de tareas en su casa ubicada en la localidad de Burzaco. En ese momento, su mujer, Josefa Beatriz García, estaba embarazada de cinco meses de su octavo hijo. Hasta el día del nacimiento, el 12 de mayo, tanto ella como Betty, su hija mayor, recorrieron comisarías con la esperanza de encontrar a Roberto con vida. Pero no obtuvieron ninguna noticia. Fue por eso que al nacer Gastón, a Josefa se le ocurrió agotar un último recurso: hacer uso de la Ley de Padrinazgo Presidencial por la cual el séptimo hijo varón o la séptima mujer de un matrimonio pueden pedir ser ahijados del presidente.
–¿Qué se proponía su mamá?
–Ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para encontrar a mi viejo y pensó que sería más fácil si decía que su hijo era el ahijado de Videla. Mi madre mandó una carta a la Junta Militar contando sobre el secuestro, demandando explicaciones y haciendo alusión a mi derecho como séptimo hijo. Enseguida le respondieron, sin dar explicaciones, que Videla no aceptaba esa carga. Pero a los quince días le mandan otra carta diciéndole que sí, y finalmente, el 10 de diciembre del ’77, hice mi bautismo en la Parroquia de la Inmaculada con un representante de Videla como tutor.
–¿Ayudó su condición de ahijado para acceder a algún dato?
–Nunca facilitó nada. Sólo me condicionó. De todas formas, entiendo la decisión que tomó mi mamá. Hasta hace tres meses, cuando apareció el cuerpo, yo tenía la esperanza de que él podía estar en otro país o podía haber perdido la memoria. No entiendo por qué se lo llevaron: mis hermanos me cuentan que era una buena persona, un laburante que era repartidor en una empresa de pollos y nunca había militado en ningún partido.

(Foto; Horacio Paone para Veintitrés)
–¿Por qué recién ahora decide pedir la anulación del padrinazgo?
–En realidad, ahora se hizo público gracias a una investigación que realizaban docentes y alumnos de un colegio del barrio sobre la dictadura y la gente de este distrito que desapareció. Mi hermano Mario les acercó la historia de mi padre y mi lucha. En mi casa se hablaba a mis espaldas para que yo no escuchara, pero un día, a los doce años, soñé a mi padre y se lo conté a mi vieja: ese día se sentó y me contó la verdadera historia. Fue un golpe muy fuerte. Recién cuando nacieron mis hijas (Ludmila, de 8 años, y Candela, de 5) me sensibilicé, comencé a leer sobre ese período, a enterarme del mal que había causado Videla. Y en 2005 comencé la lucha por desvincularme de él. Quiero sacarme esta carga de encima.
Desde la Diócesis de Lomas de Zamora, donde el caso tiene jurisdicción, el jefe de prensa, Guillermo Galeano, explica que “el padrino de bautismo asume la responsabilidad de acompañar a su ahijado en el crecimiento de su fe. Es imposible revertir eso, ya que el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica contempla que el compromiso es de por vida”.
Pero Gastón no se resigna a la inflexibilidad canónica. “Llamé a Madres de Plaza de Mayo y les comenté mi caso. De ahí me mandaron a un Colegio de Abogados, donde un letrado especializado en derechos humanos me hizo una entrevista y quedó en llamarme, pero nunca se contactó. Soy católico, creyente y practicante. Me cuesta creer que no se pueda hacer nada –explica Gastón–. Muchas veces me refugié en la religión y si bien me comentaron que la única forma de invalidar mi bautismo era renunciando a mi fe, no podría llegar a esa instancia. Incluso, la fe me lleva a creer que voy a poder desligarme del asesino de papá.”
Dibujo del Lobizón, de:
http://alejandrosamuel.galeon.com/miedo.htm

Agradezco a Matthew Moffett por haberme llamado la atención hacia el caso

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